Los niños, como los adultos,
sienten una gran variedad de emociones fuertes sobre lo que les pasa. A veces,
cuando el mundo que les rodea parece incierto o peligroso, sienten miedo o
preocupación. De hecho, aprender a reconocer el peligro correctamente y manejarlo
de forma segura es una parte importante del desarrollo. Esto puede ser a veces
un gran reto, tanto para los padres como para los niños. La mayoría de los
niños, sin embargo, crecen aprendiendo a manejar los problemas del día a día de
forma adecuada y con seguridad.
Entre 5 y 10 de cada 100 niños y
adolescentes tienen un problema de ansiedad lo bastante severo como para
afectar su vida normal. Los niños muy
pequeños con frecuencia desarrollan miedos y fobias. A menudo, esto ocurre en
una situación determinada como puede ser ir a la guardería o pasar la noche
fuera y tener que separarse de los padres. Otras veces la ansiedad es producida
por cosas concretas como perros, serpientes o arañas. Los miedos como estos son
muy comunes en los niños pequeños y normalmente no duran mucho. Con apoyo y
motivando al niño la mayoría aprenden a sobreponerse a la ansiedad.
Pero algunos niños y jóvenes se
sienten ansiosos la mayoría del tiempo. Esto ocurre sin que identifiquen una
causa concreta. Pueden ser niños con un temperamento autoexigente o inquieto.
Algunas veces esta conducta es parecida a la de otro miembro de la familia. Si
esta ansiedad se vuelve severa puede interferir en la capacidad del niño de ir
al colegio, concentrarse, aprender o fiarse de los demás.
El rechazo a ir a la escuela puede
estar causado por la ansiedad. Esto se suele llamar fobia escolar. A su vez, la
preocupación con la escuela puede ser causa de otros problemas y es
recomendable investigar qué puede estar causándolos. La ansiedad del niño al
separarse de sus padres es común en niños pequeños aunque puede repetirse al
pasar a la educación secundaria. El miedo a ser objeto de burlas o problemas
con los compañeros es también muy frecuente. Los problemas con el trabajo en la
escuela o problemas con los maestros pueden también jugar un papel importante.
Los padres y los maestros son de
gran ayuda, recordando que los niños (como los adultos) se sienten ansiosos
cuando ocurren cambios bruscos, por lo que hay que prepararlos con antelación
explicándoles lo que va a pasar. Para ello, puede usarse libros o juegos que
ayuden a los niños a entender cosas tristes como una enfermedad seria, la
separación de los padres o sus preocupaciones.
Las rutinas de la vida diaria con
horarios para ir a la cama y estar listo para el colegio también ayudan. Los
niños mayores de cinco años pueden beneficiarse de hablar de sus preocupaciones
con un adulto comprensivo, que les tranquilice, conforte y les dé ayuda
práctica para manejar una situación.
Si tu hijo está mostrando signos
de ansiedad, demuéstrale que lo tomas en serio y quieres entender la razón por
la que se siente así, si hay algo en la familia que puede estar causando
preocupaciones.
En mi opinión, los niños pasan
mucho tiempo en la escuela y si además de ser un lugar con muchos estímulos de
todo tipo por parte de diferentes fuentes como los compañeros, los docentes o
personal no docente del centro; los niños perciben o abordan estas situaciones
de manera poco asertiva cayendo en un problema serio de salud como es la
ansiedad.
Carr, A. (ed.) (2000)
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